La tergiversación nacionalista del derecho a la libre determinación: Primer post en reacción a las posturas de Elco Lao
A raíz de un debate que he sostenido por los pasados días con el compañero bloguero Elco Lao, se me ocurrió publicar aquí una versión del último comentario que le envíe. El debate surgió a raíz de un
post en el que Elco expresó que el juego de béisbol en el que PR derrotó 11-1 al equipo de EEUU representó de las pocas “veces que en la colonia vemos derrotada a la Metrópoli.” Mi reacción incluyó el siguiente comentario: “Yo también me disfruté muchísimo la victoria de PR. … Pero decir que el resultado equivale a una “victoria de la colonia sobre la metrópoli” es una terrible exageración. Chill dude, it’s only a GAME. Es puro entretenimiento, y a fin de cuentas de muy poca importancia.”
Hice ese comentario porque, entre otras cosas, me parece hay que poner estos eventos en justa perspectiva. Uno se disfruta mucho los deportes, pues son una buena manera de despejar la mente un rato y proveen excelentes oportunidades para reunirse con amistades y disfrutar en grupo. Pero debemos tener cuidado al evaluar su importancia y no atribuirle significancia política exagerada (simbólica o de otro tipo) al resultado de un partido. Después de todo, si le imputamos a un mero juego más relevancia de la que merece, caemos en el tipo de fanatismo que llevó a Noam Chomsky a comentar en una ocasión que “Sports play a societal role in engendering jingoist and chauvinist attitudes. They’re designed to organize a community to be committed to their gladiators."
Luego de que intercambiáramos varios comentarios adicionales en los que diferimos sobre la insistencia de Elco de que la razón por la que la inmensa mayoría de puertorros no somos independentistas es que somos pueblo “acomplejao”, Elco le dedicó
un post a su reacción a mis comentarios—entrada en la que además aclaró que Myrisa, la otra colaboradora de
En el país de los ciegos…, “no se expresa en estos términos” (whatever that means, lol). No pretendo reaccionar aquí a todo lo que considero incorrecto de lo que comentó Elco como parte de nuestro intercambio (que es bastante). Los comentarios de ambos están disponibles en su blog (y pueden ser examinados por cualquier persona con suficiente insomnio). Pero sí deseo dedicarle varias entradas a los aspectos que considero más importantes sobre mis diferencias con las posturas nacionalistas que defendió Elco.
En esta primera reacción atiendo brevemente—y en conjunto—dos de los argumentos empleados por Elco en su último comentario. Ambos son, a mi juicio, argumentos que los nacionalistas constantemente repiten en los medios de comunicación puertorriqueños y cuya solidez, de ordinario, la prensa no cuestiona. En el futuro cercano atenderé a otros argumentos utilizados por Elco que considero incorrectos y que evidencian la debilidad de los argumentos nacionalistas en PR.
El primer argumento lo resumió Elco al decir que en PR hace falta romper con el “régimen de subordinación política… y que esta condición no se dio en un vacío sino que ha sido parte de una agenda política de dominio por parte de la Metrópoli, y que ello implica la separación de ESE régimen colonial por medio de la independencia, por ser esto un derecho reconocido internacionalmente”. Confieso que esa oración no me parece del todo clara. Pero si me dejo llevar por el discurso independentista usual, me parece que Elco repite la acomodaticia teoría de los nacionalistas que (sin decirlo claramente) propone que el derecho a la libre determinación implica, no un derecho, sino una OBLIGACIÓN de los puertorriqueños y de la comunidad internacional a favorecer la postura independentista. El segundo argumento se refiere a otra de las falacias que a los independentistas les encanta repetir. Aquella que compara la promoción de la independencia de PR con la lucha contra la esclavitud.
El problema con el primer argumento es que existe una evidente contradicción en hablar de libre determinación y a la vez reducir esa “libertad de los pueblos para decidir su futuro político” a una sola opción, especialmente si se trata de la opción rechazada por mas del 95% del pueblo con derecho a escoger. Y decir que es “reconocido internacionalmente” que para poner fin a la situación colonial de un pueblo es indispensable la independencia es otra falacia que muchos nacionalistas repiten como el papagayo.
En cuanto al segundo argumento, la comparación de la promoción de la independencia de PR con la lucha contra la esclavitud no aguanta el más mínimo escrutinio. En el caso de los esclavos (así como el de las víctimas de las leyes segregacionistas Jim Crow), la violación crasa de derechos humanos consistía en la privación del derecho a participar en la toma de decisiones políticas a la misma vez que se les trataba como criaturas sub-humanas. Por ende, los esclavos (y luego los segregados) no sólo estaban subordinados a las decisiones políticas tomadas por otros sectores de la población sino que además se les negaban los más elementales DERECHOS INDIVIDUALES que tiene toda persona por su condición de ser humano. Pero esa privación de derecho humanos individuales no existe al decir que corresponde al pueblo, en el ejercicio de su derecho a la libre determinación, decidir el estatus político de su preferencia, aún cuando la decisión no satisfaga a los miembros de la minoría.
Lo que es más, si se insiste en hacer una comparación entre el caso de PR y la lucha contra la esclavitud, y en el análisis incluimos la acomodaticia interpretación de los independentistas sobre el significado de libre determinación, es evidente que la actitud del nacionalismo es la que más se asemeja a la de los esclavistas. En primer lugar, son los nacionalistas los que en PR insisten en que las decisiones políticas se tomen a base de consideraciones étnico-raciales (ejemplo, la postura segregacionista de “o yanquis o puertorriqueños”). Además, el Derecho internacional sobre la libre determinación (que nace de normas de Derecho consuetudinario recogidas en las resoluciones 1514, 1541 y 2625 de la Asamblea General de la ONU y que como cuestión jurídica TIENEN que leerse en conjunto) reconoce que la independencia, algún tipo de libre asociación o la incorporación al Estado gobernante en igualdad de condiciones que los demás integrantes del mismo (en el caso de PR, la estadidad) son todas alternativas descolonizadoras. Por ende, a través de cualquiera de ellas un pueblo puede ejercer su derecho a la libre determinación. Ello ha sido reconocido no sólo por la práctica en el Derecho internacional sino también mediante opinión de la
Corte Internacional de Justicia que además ha destacado que la libre determinación “
requires a free and genuine expression of the will of the peoples concerned.”
Se trata, entonces (al igual que el derecho a no ser esclavizado) de un derecho natural. La diferencia es que este derecho le corresponde ejercerlo al PUEBLO y no a INDIVIDUOS. La violación del derecho a la libre determinación se comete mediante la imposición de una opción de estatus político que la mayoría de ese pueblo no desea. Por ende, ese derecho sería violentado mediante la imposición de una formula política que los puertorriqueños están ya cansados de rechazar. En ese sentido, la constante insistencia de los nacionalistas de que PR tiene que ser independiente, no porque los puertorriqueños quieran sino porque así lo establecen documentos adoptados por foros que no responden a la voluntad de los puertorriqueños, refleja una actitud muy parecida a la del esclavista. Esa es la actitud que los independentistas asumen al insistir en resolver el problema del estatus de PR a base de las expresiones vertidas en las resoluciones del Comité de Descolonización (o Neo-colonización) de la ONU o la Declaración de Panamá, entre otros embelecos, y no a base de la voluntad popular que es el único mecanismo a través del que un pueblo ejercer sus derechos.
Lo que es más, a pesar de que los nacionalistas rehúsan reconocerlo, el Comité de los 24 NO aplica el Derecho internacional sobre la libre determinación sino que se dedica a emitir decisiones a base de consideraciones políticas (en el caso de PR en detrimento del deseo del pueblo afectado). Tal y como señaló una comentarista temprano en la década del 1980, la politización de ese comité ha quedado al desnudo, entre otras cosas, por su insistencia en la independencia de PR a pesar de que el Derecho internacional reconoce múltiples alternativas mediante las que un pueblo puede ejercer su derecho a la libre determinación y a pesar de que existe evidencia irrefutable de que la población puertorriqueña NO quiere la independencia. Michla Pomerance, “Self-Determination in Law and Practice: The New Doctrine in the United Nations” (1982), p. 27.
Es decir, mediante sus acciones, muchos defensores de la independencia (los nacionalistas de PR, el Comité de los 24, los firmantes de la Declaración de Panamá) se autodenominan iluminados con derecho divino a imponerle a los puertorriqueños un estatus político rechazado por la abrumadora mayoría de quienes vivirán con las consecuencias de cualquiera que sea la opción de estatus que prevalezca a fin de cuentas. Éstos a menudo justifican su comportamiento con argumentos que parecen sugerir una especie de selección natural que provee la base de la superioridad independentista sobre el grueso de la población puertorriqueña. Esa actitud es análoga a la del esclavista, para quien la opinión de los afectados es irrelevante frente al criterio de esos “escogidos” a los que la naturaleza les ha bendecido con el monopolio de la razón. ¿Será casualidad que en las últimas décadas ha salido a relucir que los aliados del nacionalismo en el Congreso de EEUU son usualmente legisladores reaccionarios, quienes basan su apoyo a la independencia en que “somos gentes distintas”?...